Hace más de un mes, Noemí Granda se percató de la construcción de dos rompevelocidades a pocos metros de su casa en Urdesa central. Una de las estructuras atraviesa la calle Guayacanes antes de llegar a Costanera.
Desde lejos se observa el reductor que, a diferencia de los construidos en otros sectores de la ciudad, es más amplio, menos redondeado e incluso más bajo. Está pintado con colores amarillo y blanco y en el centro se colocaron rayas similares a las de un cruce peatonal.
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De igual forma, se visualiza el construido en Mirtos y Pedro Aycart, también en Urdesa central. Antes de llegar al parque de la calle Mirtos también se implementó otra de estas estructuras.
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Sobre las aceras se instaló la señalética vertical que alerta del reductor metros más adelante, además de la que indica el cruce de peatones.
La seguridad, una preocupación vecinal
“Me asombró mucho porque sí queríamos que de alguna manera haya algo que frene a los carros que pasan soplados por aquí para ir hasta Las Monjas”, comentó Granda.
Según Doris Ayala, en el último año se registraron varios inconvenientes con transeúntes. En una ocasión, relató, cuando cruzaba una mujer con un coche de bebé con dirección al parque, casi fue embestida por una camioneta que circulaba a exceso de velocidad.
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“Ella pegó un grito fuerte y la camioneta frenó a raya. La gente salió alarmada por el grito de la señora. El de la camioneta aceptó que iba apurado y que tomó la calle Guayacanes como secundaria para luego girar e ir más rápido hasta Las Monjas”, comentó.
En el área donde se implementaron los rompevelocidades hay viviendas, negocios, un tecnológico y diversos comercios. Sin embargo, la señalética es escasa, aseguraron residentes.
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El aumento del tráfico en vías secundarias
Luis Antonio Ramón, morador de Urdesa central desde hace más de diez años, comentó que las vías secundarias en la zona antes no eran tan frecuentadas por los conductores.
“Cuando empezaron los cierres a la altura de Las Monjas y la Carlos Julio Arosemena, cuando el tráfico se empezó a intensificarse, la gente buscaba —como sea— encontrar vías secundarias que los ayudaran a huir del tráfico. En horas pico se volvía peor: parecía pista de carreras la calle Mirtos”, indicó.
Dos conductores que regularmente circulan por Guayacanes y Costanera señalaron que sí eran necesarios los reductores para evitar colisiones en calles subsiguientes.
“Nos toca frenar y así ya vamos con menos velocidad a las transversales. Uno cogía estas calles para evitar el tráfico que se forma a veces en la Víctor Emilio; uno puede hacer atajos con estas calles”, dijo Guido Manosalvas.
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Manosalvas añadió que la estructura más baja y menos redondeada también facilita la circulación. “Si uno se va de largo, no siente mucho el golpe; son como más amigables estas estructuras y, pues, sí ayudan a que uno no vaya tan rápido”, mencionó.
La Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) explicó que la implementación de estas estructuras derivó de un estudio específico en Urdesa por el exceso de velocidad registrado en ciertas zonas.
Según el Observatorio de Movilidad de la ATM, el exceso de velocidad es una de las causas más frecuentes de siniestros de tránsito en la ciudad.
Ante esta problemática, sumada al recurrente pedido ciudadano, se construyeron los rompevelocidades como medida de mitigación urgente.
Entre Urdesa central y Lomas de Urdesa hay trece de estas estructuras que están correctamente señalizadas de forma vertical y horizontal.
La ATM explicó que en estas zonas fue necesario implementar las estructuras por el uso de suelo que ha tenido cambios importantes de residencial a comercial, lo que demanda un flujo mayor de vehículos al área. (I)


