Sandra Mercado Ayoví pasó de pedir ayuda para comprar medicinas a generar empleo con su restaurante en el centro de Guayaquil.
La ahora emprendedora todavía recuerda la tarrina que llevaba en las manos cuando recorría los pasillos del hospital con una receta médica. Su hijo recién había nacido y padecía displasia pulmonar. Ella no tenía dinero para comprar los medicamentos y decidió pedir ayuda a desconocidos para intentar reunir lo necesario.
Más de una década después, esa misma mujer dirige Platos Típicos Sandrita, un restaurante ubicado en la calle Cañar, entre Chile y Chimborazo, donde trabajan varias personas y al que llegan clientes de distintas ciudades e incluso del extranjero atraídos por sus preparaciones tradicionales.
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Las raíces del espíritu emprendedor
La historia de Sandra comenzó mucho antes de abrir su negocio. Su madre, Aída Ramona Ayoví Mora, oriunda de Limones, Esmeraldas, migró junto con su familia en busca de oportunidades.
Luego de pasar por Babahoyo, se establecieron en Guayaquil, donde iniciaron un pequeño puesto de venta de bolones frente al entonces Tribunal Supremo Electoral, ahora Consejo Nacional Electoral, en La Atarazana.
Sandra creció observando ese esfuerzo. Era la cuarta de seis hermanos y asegura que aprendió a cocinar desde los 7 años. Recuerda que las necesidades económicas obligaban a toda la familia a buscar formas de aportar en casa.
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“Nosotros pasamos mucha necesidad. Mi mamá nos dio el mejor ejemplo, que fue trabajar. Nosotros salimos a chambear desde pequeños”, relató.
Aquella cocina que describe no era la adecuada, pero con una sartén y una pequeña hornilla terminó convirtiéndose en la primera escuela gastronómica de la familia. Aída trabajaba en restaurantes para sostener a sus hijos, pero decidió emprender con la venta de bolones cuando los ingresos ya no alcanzaban.
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“Mi mamá nos enseñó el legado de trabajar”, dijo Sandra mientras atendía a clientes en su local.
El momento que lo cambió todo
El paso de los años no perdonó; cada hermano tomó su propio camino. Sandra se casó y enfrentó una de las etapas más difíciles de su vida cuando su hijo enfermó poco después de nacer.
“Llegué a pedir limosna con una tarrina y la receta de mi hijo para conseguir las medicinas”, recordó.
La ayuda llegó de personas que no la conocían. Ese episodio, aseguró, cambió por completo su forma de ver la vida y la relación que hoy mantiene con quienes llegan a su restaurante atravesando dificultades.
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Formación y visión para sus hijos
Con la recuperación de su hijo, ingresó a trabajar en un restaurante del centro de Guayaquil, donde permaneció durante doce años. Allí aprendió técnicas de cocina, administración y atención al cliente.
“Ahí fue mi formación. Ahí formé mi carácter y empecé a perseguir mis sueños”, sostuvo.
La motivación principal era cambiar las condiciones en las que crecían sus hijos. Vivía en la isla Trinitaria y quería ofrecerles oportunidades distintas.
“Yo no quería que mis hijos crecieran igual. Quería cambiar y lo logré”, expresó.
La apertura de Platos Típicos Sandrita
Cada día empezaba con el pie derecho, con una actitud derrochadora, esperanzada de que todo mejoraría, y fue así que comenzó a ahorrar poco a poco lo que tenía para cumplir su sueño de tener un restaurante que mantuviera a su familia.
Cada quincena compraba una docena de platos, cucharas o vasos. Durante cinco años reunió los implementos necesarios para abrir su propio negocio.
El 5 de septiembre de 2012 inauguró Platos Típicos Sandrita.
El crecimiento del restaurante
Recordó que la noche anterior acudió a una iglesia porque los nervios no la dejaban dormir. El primer día vendió $ 67. Al día siguiente alcanzó $ 120.
“Hasta ahora me acuerdo”, comentó entre risas.
En aquel momento trabajaba sola. Cocinaba, atendía las mesas, cobraba y limpiaba el local. Pasando el tiempo, contrató a una ayudante y el negocio empezó a crecer.
Actualmente genera empleo para trece personas, distribuidas entre los turnos de mañana y noche.
Su menú incluye bolones, encocados, menestras, asados, sudados, almuerzos y platos de mariscos. Entre sus creaciones figura el denominado bollo arrecho, una preparación elaborada con pescado, camarón, longaniza y maní quebrado.
Esa receta la llevó a participar en la edición 2025 del festival gastronómico Raíces, experiencia que considera uno de los momentos más importantes de su trayectoria.
Legado familiar y solidaridad
Aunque los reconocimientos han llegado con los años, Sandra aseguró que mantiene una filosofía basada en la solidaridad. Explica que cuando observa a personas con dificultades económicas suele recordar los momentos en que ella necesitó ayuda.
“Yo sé lo que es tener hambre. No puedo negarle a alguien un plato de comida”, afirmó.
A pocos metros de ella permanece cada día su madre, quien continúa acompañándola en el restaurante y observa con orgullo el resultado de décadas de esfuerzo familiar.
“Siempre estuve con ella y ella conmigo”, expresó su madre.
Los dos hijos de Sandra también desarrollan actualmente sus propios emprendimientos, convirtiendo aquel pequeño puesto de bolones que comenzó en La Atarazana en una historia familiar que ya alcanza a tres generaciones.
Sandra indicó que todavía tiene metas pendientes, entre ellas expandir su negocio hacia otros sectores de Guayaquil. Sin embargo, sostiene que su principal satisfacción es haber transformado una historia de carencias en una fuente de trabajo para varias familias.
“Llegará un momento en que uno quiere tirar la toalla, pero no hay que desistir. Hay que seguir los sueños”, manifestó. (I)




