En el puerto principal es común el bullicio que genera la actividad comercial. Desde el tráfico de los tráileres que mueven los contenedores a los puertos, hasta el sencillo informal que -a punta de gritos- anuncia sus granizados, jugos de coco, helados o cualquier otro producto, y esto último en cualquier barrio suburbano o en el mismo casco comercial. A todo esto hay que sumarle el sonido de los pitos de los autos particulares o buses en horas pico, el ruido de los aviones debido a su aeropuerto ubicado dentro de la ciudad, las industrias, los parlantes instalados en los comercios, o el simple ir y venir de las personas. Esta confluencia de factores se podría considerar normal debido a las casi 3 millones de personas que habitan en la ciudad, pero el exceso de ruido o contaminación acústica tiene consecuencias.