Siempre se caracterizó por ser un hombre visionario, innovador y creativo. A los 26 años Jorge Salcedo Salcedo (+) empezó haciendo sacos de cabuya, entregando telares a indígenas en las provincias de la sierra. Era una actividad con la que buscaba abrirse camino y tener ingresos propios.
En 1952 decide incursionar en la exportación de café y cacao, junto con su hermano Marcos quien lamentablemente falleció después de dos años. Sin haber tenido ninguna experiencia antes, empezó a crecer en el negocio. En 1959, por referencias de lo que ocurría en otros países, este empresario se convence de que el café soluble le ahorra tiempo y dinero a las familias y se anima a innovar en este proceso.
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Dos años después, el 8 de marzo de 1960 compra un terreno ubicado en la avenida Carlos Julio Arosemena Tola, a la altura del km 1,5, donde levantó una empresa que cumple ya 50 años y se ha expandido en infraestructura y nombre. Desde el principio tuvo el nombre de Solubles Instantáneos Compañía Anónima, la primera fábrica de café soluble en el Ecuador.
La mayoría de las personas la conocían como Sí Café y así se posicionó en el mercado, aunque años después dejó de pertenecerles.
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En 1962 la empresa realiza su primera exportación a Alemania, lo cual llenó de emoción y satisfacción a Salcedo y su hijo Jorge Salcedo Benítez, quien tenía 8 años y ya quería ser parte de la empresa.
INGENIO PARA SURGIR
En 1975 Salcedo Benítez, ya con 21 años, empieza a trabajar como asistente de gerencia. Luego de haber estudiado en los colegios San José La Salle y Javier, inicia sus estudios superiores en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte, pero por el trabajo y su vida de familia (está casado con María del Pilar Compte) no logró culminar la carrera de administración.
En el año de 1985 la crisis económica golpeó a Solubles Instantáneos Compañía Anónima, por lo que tuvo que vender la marca Sí Café a su competencia en el mercado, representada por Álvaro Noboa.
Pero la infraestructura seguía siendo suya y con el conocimiento en el mercado, luego de 4 años Jorge Salcedo Salcedo volvió al mercado con la marca Don Café, relacionándolo con grandeza, señor, don.
Al principio la gente no se identificaba con esta marca, recuerda Jorge Salcedo Benítez, pero bastaron unos años para que la empresa surja nuevamente. Su padre introdujo al país el proceso de liolización (café granulado) y creó el producto Salco que llegó a constituirse, según cuenta él, en la fábrica de elaborados de cacao más grande del país.
Salcedo Benítez siempre participó de cerca en los negocios de su padre. De él no cree que heredó la creatividad, pero sí lo trabajador que era. Salcedo Salcedo falleció un 17 de junio del 2006. “Fue un día antes del Día del Padre, la pasé muy mal, pero así es la vida”, comenta con resignación.
Muy fuerte y decidido tras el deceso de su padre, Jorge Salcedo Benítez, asumió el control de la empresa. Se considera un hombre de temperamento y carácter predominante, que ama a su mujer, pero que solo le puede dedicar los fines de semana, debido a su trabajo.
Tercera generación
La empresa se ha mantenido y ahora Roberto Salcedo Compte, de 31 años, hijo de Salcedo Benítez y nieto de Salcedo Salcedo, es parte de la tercera generación de Don Café.
Tiene a su cargo la empresa Don Café y es socio de la empresa de chocolates Tulicorp, donde también exporta, y de la empresa de etiquetas adhesivas Indualfa.
Cuando recorre las bodegas de Don Café conversa con orgullo que la empresa pertenece a la familia, que su padre nació para trabajar y que por eso su hermana y brazo derecho, Susana Salcedo de Arosemena, también labora con ellos como parte de esa tradición.
A Salcedo Benítez, su padre le enseñó “que lo que se promete se cumple”, por eso aún después de muerto le sigue prometiendo trabajar hasta el cansancio y que su empresa crezca entregando lo mejor a la sociedad.
Siempre habitó en Urdesa, pero cansado del ruido de la ciudad, se trasladó a la vía a Samborondón. Tiene la seguridad que, al igual que ocurrió con su padre, si le pasa algo sus hijos serán quienes tomen la rienda del negocio. Lo dice mientras mira sonriente a su hijo Roberto, quien con un movimiento de cabeza confirma que así será.
Siente que su vida dio el giro que él quería, trabajar por su familia, amar a la mujer que siempre quiso, tener unos hijos maravillosos y ver a sus nietos crecer. La mayor, de 12 años, y el menor, de 2 meses. Para Jorge Salcedo Benítez sus inicios fueron buenos pero el trayecto ha sido mejor.