Como él mismo solía señalarlo sin nada de vanidad sino con la certeza de quien se ganó un lugar en el corazón de sus compatriotas, con Armando Romero Rodas era imposible hablar de eclipses en su popularidad como le sucede a políticos, artistas y hombres públicos en general, porque el pueblo siempre le guardó respeto y admiración, al igual que a la gran obra que lo identifica en la patria y fuera de sus linderos: radiodifusora Cristal.