¡Más quejudos que resultaron los banqueros! De gana no les gusta el proyecto del Código Monetario que, visto a la distancia, les favorece enormemente. Imagínense la comodidad que representa para ellos no tener que hacer nada porque todo les va a dar haciendo el Gobierno, que les dice hacia dónde tienen que dirigir los créditos, con qué plazos, con qué intereses, cuáles son los sueldos que tienen que pagar, con qué encaje (o sea ahí sí creo que tiene que modificarse el Código porque de gana se mete en asuntos de costura). Si el Gobierno, a través de una superjunta, les va a dar haciendo todo el trabajo, agradezcan pues, banqueros, y entiendan que el Gobierno es como un padre que de todo se preocupa y a todos atiende con solícita bondad.

¿Ya ven lo que pasó en el Yasuní? ¡Qué orden que puso allí el Gobierno! Es que antes eso era un relajo: los monos por un lado, las mariposas por otro. Los lagartos, los sapos, los murciélagos, los jaguares, los insectos hacían lo que les daba la gana, sin ningún orden ni concierto. Hasta que llegó el Gobierno y dispuso que de aquí para allá podían estar los animales, pero sin hacer tanto relajo, y de allá para acá, los petroleros. Y desde que comenzaron los trabajos se ve clarito que donde no había trabajo, ya hay, y donde no había orden, ya hay. Y los monos y los sapos y las arañas y los pájaros ya no pueden más de tanta felicidad, porque hasta carreteras anchísimas les están construyendo para que puedan transportarse por la selva. Los únicos que no asoman son los pueblos no contactados, pero ya les han de contactar por los celulares de inducción, no se preocupen.

Es que cómo ha de ser pues que en el país cada quien haga lo que quiera. Imposible. Por eso el Gobierno, que es buenísimo, que tiene un corazón ardiente que late para todos y todas, va asumiendo su rol en los diversos órdenes de la actividad humana. Así hizo también con la prensa. Es que no era posible que sean los periodistas independientes los que piensen cuando el Gobierno puede darles pensando y así les quita un gran peso de encima. Poco a poco los periodistas independientes van a notar el alivio de no tener que devanarse los sesos para escribir y, en lugar de eso, copiar lo que les dicta el excelentísimo señor presidente de la República que, como lo ha ido demostrando a lo largo y ancho de su mandato, es un excelente dictador.

¿Y por qué han de ser ustedes, banqueros, diferentes a los asambleístas? ¿Qué privilegio tienen? A ellos les llegan las leyes que el Gobierno les da escribiendo rapidito y al instante, y ellos solo tienen que alzar la mano para aprobarlas, también rapidito y al instante.

Entonces, banqueros, agradezcan nomás que tienen un Gobierno tan magnánimo y que, encima, va a durar trescientos años administrando en lugar de ustedes la plata de los depositantes que, ahora sí, ya será de todos. Y de todas.