A ningún guayaquileño le extraña que el Presidente sea reconocido como persona no grata a la ciudad y sus habitantes.
Desde el inicio de su mandato han sido Guayaquil, su Alcalde, sus habitantes, los atacados inmisericordemente por quien debería propiciar la unidad de todos nosotros.
Sin importar si es periodista, ama de casa, obrero, estudiante, o simplemente ciudadano dedicado al trabajo; hemos sido llamados peyorativamente “pelucones”, “gorditas horrorosas”, y cualquier otro calificativo que ha cruzado por la mente del Mandatario, con el ánimo de ofendernos, degradarnos y dividirnos; lo que hasta ahora no lo ha conseguido.
Estamos ya cansados de las constantes provocaciones. ¿Recuerdan cómo agredieron a nuestros hijos y se incitó a la violencia desde el más alto poder de la república en el aula magna de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil?, esa sí fue incitación a los desmanes: “Vamos chicos, ustedes son cuatrocientos, y ellos solamente cincuenta”; se necesitaron tres cadenas nacionales para tratar de convencer de lo contrario, y no pudo.
En vez de encarcelar a dos adultos jóvenes que se preocupan por su ciudad y por la “percepción” de inseguridad en la que vivimos, debería reforzar la seguridad, que se ha visto altamente desfavorecida desde que requisaron vehículos, motos y armas que Más Seguridad tenía y la Policía Nacional hacía uso; sin contar el financiamiento del mantenimiento de los automotores, dotación de gasolina, y municiones.
Lo sucedido durante estos años de mandato tenemos fresco en la memoria cada uno de los guayaquileños. Con nosotros no reza “divide y vencerás”. Al contrario, nos acercamos más unos a otros, hacemos nuestros los sufrimientos y agresiones, y protestamos por las injusticias cometidas.
¡Dejen ya libres a los primeros presos políticos de este Gobierno! Guayaquil ha sido y será el baluarte de la libertad, del compromiso social con los desposeídos, de la lucha por la justicia y del trabajo mancomunado.
Tenemos años de orden en nuestras calles, plazas y veredas.
La confrontación con los guayaquileños no es el camino a la paz, al trabajo y al compromiso.
El Mandatario debe rectificar, todavía está a tiempo.
María Mercedes Amador,
Guayaquil