Stephen Paddock había alquilado una habitación en el piso 32 del hotel y casino Mandalay Bay, el pasado jueves. Ahí había instalado dos plataformas estratégicamente ubicadas de tal forma que le permitiera un mejor ángulo de tiro. Usó una herramienta como martillo para reventar las ventanas y desde allí, a las 22:08 del domingo, el estadounidense de 64 años disparó sin parar con un rifle semiautomático contra unas 20.000 personas que disfrutaban de un festival de música country, a unos 200 metros de distancia. Las ráfagas de balas acabaron con la vida de 59 personas y dejaron heridas a 527. Luego se mató.