Recordar la época en la que el estero Salado era un punto de encuentro y sus cristalinas aguas eran uno de los balnearios más frecuentados por los guayaquileños hasta fines de los años sesenta forma parte de las tertulias que un grupo de moradores y exvecinos de Urdesa comparten eventualmente en el puente zigzag y todos los jueves en la noche en el restaurante El Patacón de Urdesa.