Ronda Rousey entró al octágono de la Arena T-Mobile de Las Vegas con cara de furia y la concentración de una fiera que busca reclamar su presa robada. Eso fue todo lo que se vio de la vieja ‘Rowdy’, aquella que amedrentaba a sus rivales y que le valió para ser considerada “la mujer más peligrosa del mundo”.