Se está discutiendo un nuevo reglamento que normará los estudios universitarios. Esto incluye la actualización del régimen académico.

Uno de los aspectos que se plantea es la adopción del sistema internacional de créditos por materia. En algunas unidades académicas de la Universidad Católica de Guayaquil, esto se puso en práctica hace más o menos treinta años. Entonces, un crédito equivalía a dieciocho horas de clase; había un número determinado de créditos que había que tomar para ser considerado alumno regular y que cumplir rigurosamente la cadena académica establecida en el currículo, es decir, había materias que no se podían tomar sin haber aprobado antes otras predeterminadas. Al principio, los temores ante algo nuevo y diferente generaron resistencia, pero después se aceptó sin protestas e, incluso, facilitó que los estudiantes que trabajaban y no podían serlo a tiempo completo, como ocurre en nuestra realidad con muchos, aprobaran en excelentes condiciones la carrera, aunque se tomaran un poco más de tiempo porque se inscribían en pocos créditos por semestre. Por supuesto, requirió cambios en la administración académica y en el registro de estudiantes.

Otro tema que se propone es la necesidad de unificar los troncos curriculares de las distintas carreras. Es decir, que las materias básicas para la formación profesional sean las mismas, con denominación y contenido semejante y en igual nivel de la carrera en todas las universidades del país, de tal manera que si los estudiantes precisan cambiarse de universidad no tengan problema alguno.

Además, se insiste en la necesidad de que los profesores universitarios tengan un título de cuarto nivel y mayor tiempo de dedicación a la institución, haciendo énfasis en el tiempo completo. Lo primero es deseable, pero muy difícil de poner en práctica a corto plazo, pues no hay en el país suficientes profesionales con maestrías y doctorados que, además, tengan interés y vocación por la cátedra y, mucho menos, que quieran dedicarse a tiempo completo a la enseñanza, puesto que las remuneraciones no son atractivas.

Por otro lado, la universidad requiere de profesores que ejerzan la profesión, pues son ellos los que aportan el conocimiento de las necesidades de formación para el ejercicio profesional, los que permiten pensar en la adaptación de la teoría a la práctica, los que hacen el puente entre la academia y la sociedad. Lo ideal es una acertada combinación entre los académicos puros y los profesionales en ejercicio.

Las iniciativas que buscan ordenar, organizar, modernizar y mejorar el sistema universitario, deben ser planteadas, discutidas y alimentadas con la opinión, sugerencias y reparos, que sin duda tienen las universidades, a partir de la realidad que afrontan cada día.

Es necesario respetar las particularidades de las entidades de educación superior, ya que cada una de ellas responde a una misión común, que se puede cumplir desde filosofías y perspectivas particulares y que a veces, están determinadas, incluso, por el tipo de carreras que ofrecen y los métodos de enseñanza en los que confían o han creado y probado. Se trata, entonces de unificar lo indispensable, pero no de uniformar, de tener un solo sistema universitario, rico en su diversidad.