Las noticias sobre los resultados de las pruebas que deben rendir los bachilleres para lograr su ingreso a la universidad son desalentadoras y dejan al descubierto las carencias del proceso educativo en los niveles previos. Es probable que si se realizara una prueba similar a los egresados de las universidades, los resultados serían parecidos.
Las razones pueden ser muchas, la mayoría de ellas relacionadas con el nivel de preparación pedagógica de los maestros y la aplicación de métodos inadecuados para la realidad contemporánea. Hoy, la escuela, el colegio, la universidad, reciben niños y jóvenes acostumbrados al uso de un lenguaje diferente que los familiariza con los audiovisuales en todas sus formas y los aleja cada vez más de la palabra bien usada y del libro. Ellos son receptores de lo concreto, con dificultad para el pensamiento abstracto y la correcta comunicación oral y escrita.
Hoy, para los maestros, cada clase es un desafío. Deben encontrar la forma de comunicarse con sus estudiantes, de tal manera, que el tema propuesto les resulte interesante y despierte en ellos la curiosidad que precede al deseo de saber y los ponga en condiciones no solo de asimilar conocimiento sino de buscarlo, procesarlo, hacerlo suyo, aplicarlo y multiplicarlo.
Se requiere pues, innovaciones pedagógicas, que surjan de la necesidad revelada por una investigación previa y que no solo se propongan, sino que se apliquen y se evalúen. Precisamente en estos días he conocido la Colección Innovaciones Pedagógicas, publicada por la Universidad Casa Grande. Son por ahora diez libros que recogen propuestas surgidas en algunas de las tesis previas a la aprobación de los estudios de Maestría en Educación Superior.
La publicación “aporta a la renovación de las prácticas educativas habituales, investigándolas, debatiéndolas honestamente y proponiendo enfoques y didácticas de vanguardia para abordar, de manera pertinente, el proceso de enseñanza-aprendizaje”, se dice en la presentación de cada uno de los tomos.
Las propuestas son aplicables en varias áreas del saber: psicología, literatura, ingeniería de sistemas informáticos, administración y marketing, gestión y negocios internacionales, ciencias políticas, medicina, comunicación, pedagogía.
En nuestro país la investigación no ha sido prioridad en las universidades, menos aún, en el campo de la pedagogía, en el que es necesaria, precisamente, porque hay mucho que cambiar. Hay que investigar las razones del fracaso y hay que hacerlo desde todos los ángulos y a partir de los resultados proponer las innovaciones, que a su vez, deben ser evaluadas.
En el campo de la educación el sujeto es siempre un ser humano ubicado en su realidad geográfica, social, económica, cultural y todo eso influye en su desempeño escolar y en los recursos que los maestros requieren para que el hecho educativo sea provechoso. Hay, pues, que investigar todos los aspectos de esa realidad y a partir de ese conocimiento tomar decisiones profesionales adecuadas. Por cierto, esto significa que en Pedagogía no hay recetas únicas y que, por eso mismo, el maestro debe tener una sólida preparación que le permita entender cada caso y actuar en consecuencia.
La investigación en el área de la educación debe ser estimulada, fortalecida y publicada.