No ha transcurrido ni un mes desde la última vez que Berta Soler, líder de la Asociación Damas de Blanco, pisó un calabozo. Ocurrió el 24 de febrero, después de asistir a una liturgia. Durante cinco horas permaneció encerrada. Sin explicaciones. En el régimen castrista nadie da explicaciones. Ser víctima de detenciones arbitrarias se ha convertido en moneda corriente para esta mujer, de piel de ébano y traje níveo, que desde hace poco más de un año está al frente del grupo disidente conformado por las esposas de los presos políticos y que surgió al calor de la Primavera Negra, que hace diez años, en marzo del 2003, llevó a la cárcel a 75 disidentes. Tras la reforma migratoria consiguió salir de Cuba. A sus 50 años. Escogió Madrid como primera parada, para elevar su voz de denuncia.