Sus extremidades delgadas y un vestido ancho con arandeles y encajes que le cubre un poco más abajo de la rodilla hacen que el embarazo de Andrea, nombre protegido de una adolescente de 14 años recién cumplidos el 27 de febrero pasado, pase desapercibido en una sala de la Maternidad Enrique Sotomayor de Guayaquil, donde futuras madres menores de edad hacen terapias.