Una vez más llegamos contentos, alegres, entusiastas. Gritamos todos los noventa minutos y seguimos empavonados con el más parejo Clásico del mundo. En ningún país trabaja exacto la paridad nacional de los clásicos. En ninguno.
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Una vez más llegamos contentos, alegres, entusiastas. Gritamos todos los noventa minutos y seguimos empavonados con el más parejo Clásico del mundo. En ningún país trabaja exacto la paridad nacional de los clásicos. En ninguno.


Una vez más llegamos contentos, alegres, entusiastas. Gritamos todos los noventa minutos y seguimos empavonados con el más parejo Clásico del mundo. En ningún país trabaja exacto la paridad nacional de los clásicos. En ninguno.
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Está claro que nuestras democracias necesitan un restyling profundo para dejar de ser presas de los bandidos que acechan el castillo.
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