El toro de lidia es un ejemplar muy atesorado. Su padre es un semental seleccionado; su madre, de vacona, se somete a una prueba de idoneidad y casta en la lidia y a otra que defina su capacidad de soportar los puyazos (hincada con punta de hierro) de un picador montado a caballo. El toro pasa los ocho primeros meses con su madre; luego, de ternero, se somete a una rigurosa selección y, entonces, va a los potreros aislados. Allí recibe balanceado, sales minerales y extremo cuidado hasta cumplir cuatro años. Alcanza un mínimo de 450 kilos de peso y está listo para el ruedo.