Por Jorge Barraza (jbarraza@sinectis.com.ar)
.- Una joya colonial ilumina el sur peruano: la serrana Arequipa, cuna de Mario Vargas Llosa, pago del Misti, volcán que de tan bello uno termina queriendo y no temiendo. Con su mantón blanco en la cima y sus habituales fumarolas, es un símbolo arequipeño. Si le quitáramos los autos y carteles luminosos, podría decirse que Arequipa está anclada en el 1.700, que aún integra el esplendoroso Virreinato del Perú, del que España se amamantó durante algunos siglos (no tantos, unos tres; aquí en la peatonal Mercaderes, "el loco de la guitarra", un juglar criollo, sacude la modorra a ratos con un grito, o más que eso, un alarido: "¡España, devuelve el oro, la plata!" y deja pensativos a los caminantes que hacen compras o pasan apurados).