En Guayaquil, al mediodía, a 30°C, en el centro de la ciudad, es común ver a peatones buscando cubrirse de los rayos del sol en las sombras de los edificios, comprar botellas con agua, beber un poco y después echársela en la cabeza, protegerse el rostro con algún papel que lleven en la mano o solo con la mano. El calor intenso hace huir e incluso renegar a sus habitantes, menos a uno, a uno ancestral, la iguana verde.