El estudio ambiental de Lahmeyer Cimentaciones en el Salado advirtió hace diez años que lo que el estero requería de forma urgente era sellar las tuberías de aguas servidas que tenían como destino el estuario. En aquel momento, el 70% de la contaminación –señalaba el diagnóstico– provenía de las casas de Urdesa y el 30% de las industrias de Mapasingue.