Sabes perfectamente que si sales a la calle podrían robarte. Que te será muy difícil, en cambio, conseguir empleo. Y que con toda seguridad no habrá luz. Para colmo, la Navidad se acerca y el dinero no alcanza.
Así que te detienes por un instante y te asomas a la ventana desde donde puedes ver la casa del vecino.
Allí está, es correísta. Tú en cambio, detestas al Presidente. No lo soportas.
Él cree que tú te dejas lavar el cerebro por Jorge Ortiz. Tú estás convencido de que él es un comunista encubierto.
Por tanto, el odio destila en el corto tramo de la calle que los separa.
Llevan tres años así, sin hablarse. Faltaba más.
Pero entonces escuchas que el Gobierno y la oposición firmaron un acuerdo histórico.
Al principio te sorprendes, y lo mismo le ocurre a tu vecino. ¿Pero cómo? ¿Acaso no eran ellos la izquierda retrógrada? ¿Y no eran los otros la derecha recalcitrante?
Pero en fin, si llegaron a un acuerdo, quizás sirva para que las cosas mejoren. Así que tu vecino y tú averiguan qué negociaron. Y la respuesta los deja boquiabiertos: se pusieron de acuerdo para elaborar… una nueva ley de comunicación.
¿Te sorprende? ¿Que eso nada tiene que ver con los cortes de energía, los asesinatos, el desempleo, la sequía o el narcotráfico que se extiende? ¿Qué hay problemas muchísimo más importantes en los que deberían estar ocupados y que para eso les pagamos? Pues allí los tienes.
La fiesta del acuerdo, eso sí, fue estupenda. César Rodríguez, engominado y a la moda, señaló con el dedo muy sonriente a Cynthia Viteri, como insinuándole: “¿Viste?, y tú que te creías que nunca comeríamos de la misma cuchara”.
Dalo Bucaram abrazó a César Montúfar para expresarle lo complacido que se hallaba de que ambos compartiesen los mismos conceptos académicos sobre libertad de expresión, así que se entablaron en una interesantísima conversación sobre semiótica y semántica.
Jorge Escala no se quedó atrás. En un gesto por demás caballeroso le pidió a Fausto Cobos que el próximo acuerdo podrían promoverlo ellos, y que podría girar sobre terrorismo y contraterrorismo, insurgencia y contrainsurgencia.
Mirándolos así, tan bien comportaditos, el Corcho Cordero se sintió feliz. La Revolución Ciudadana, gracias a él, logró el milagro de unir a tirios y troyanos, a la izquierda y a la derecha, a los buenos y los malos.
Antes, eso solo lo conseguía un personaje que afortunadamente nos dicen que ya no existe: el hombre del maletín.
En cambio, estos son tiempos en que los polos se juntan para defender ideales y esperanzas. Así que: ¡Viva el acuerdo histórico sobre la Ley Mordaza que comenzará a resolver importantes problemas!
Lástima que no sean tus problemas, ni los de tu vecino. Ustedes dos necesitan empleo, seguridad y desarrollo. Lo único que los separa es que cada uno sigue a un mesías distinto. A partir de ahora deben aprender que no son mesías lo que nos hace falta sino ciudadanos conscientes, que defiendan la libertad de expresión porque quieren estar informados de lo que hacen sus dirigentes, para que cuando los reúna el hombre del maletín, sepamos enseguida que algo malo preparan y les halemos las orejas.