La cultura pop no se entiende sin ese matrimonio bien avenido entre música e imagen. Quizás por ello no se equivoca el escritor uruguayo Gabriel Peveroni cuando advierte que la cualidad principal de un disco es su sonido, pero que el disfrute se potencia cuando este se mira y se toca. Esa estampa congelada en un cuadrado de 12x12, que en los tiempos de gloria del vinilo fueron de 31x31, permite intuir “el estilo musical, el grado de originalidad y el nivel de riesgo de la obra del artista que representa”.