- NOV. 05, 2009 - Foto - Arte y cultura - EL UNIVERSO
MADRID. En una gráfica del 20 de abril anterior, el escritor Francisco Ayala (d) junto al rey Juan Carlos, de España.
El escritor granadino Francisco Ayala, considerado decano de las letras españolas y último autor con vida de la generación de 1927, falleció el martes pasado, a los 103 años de edad.
“Ha fallecido esta mañana (del martes) en su domicilio en Madrid”, reveló un portavoz de la fundación, la cual lleva el nombre del autor español.
El presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, lamentó el fallecimiento del autor y recordó su legado.
“Es uno de los grandes humanistas de nuestro tiempo”, manifestó el Mandatario.
“Su obra, su actitud y su talante están en la memoria de muchas generaciones de españoles. Debemos honrarle, debemos recordarle y debemos intentar seguir sus pasos”, sostuvo Zapatero.
Ayala, un académico de la Real Academia Española, recibió el Premio Cervantes en 1991, además del Príncipe de Asturias de las Letras en 1998, entre otras distinciones.
Publicó su primera novela, Tragicomedia de un hombre sin espíritu, con solo 19 años. Desde entonces hasta la actualidad, escribió decenas de obras, novelas, estudios y ensayos –sobre todo de jurisprudencia y sociología–, así como traducciones de escritores de la talla de Thomas Mann, Rainer Maria Rilke o Alberto Moravia.
Ayala es visto como un precursor de la renovación de la prosa española de vanguardia y su obra está considerada clave en el estudio de la memoria histórica del país y de los intelectuales en el exilio.
Los usurpadores, La cabeza del cordero (ambas de 1949), Muertes de perro (1958), El jardín de las delicias (1971) o Recuerdos y olvidos (1982) son algunas de sus obras claves de la literatura española contemporánea.
En los últimos años se multiplicaron los reconocimientos en su nombre, como la medalla de oro de la Sociedad General de Autores (SGAE) y la declaración de hijo predilecto por Granada, además de haberse celebrado en el 2006 el año de su centenario.
Doctor en Derecho por la Universidad de Madrid en 1931, trabajó para el Estado en la Segunda República y se exilió tras la guerra civil, viviendo primero en Buenos Aires y desde 1956 en Nueva York, donde fue profesor de literatura.
Aunque desde la década del sesenta viajaba a Madrid ocasionalmente, no volvió a residir en España hasta en 1980.
Es así como muere el último sobreviviente de la generación del 27, tras una búsqueda de la ética y la estética literaria.
La capilla ardiente con los restos mortales del narrador, ensayista, sociólogo y académico quedó instalada en el Tanatorio Parque de San Isidro, donde su viuda, Carolyn Richmond, estaba acompañada por el poeta granadino Luis García Montero, comisario del centenario de Ayala y gran amigo del extinto autor.
También acompañaban a Richmond el director de la Fundación Ayala, Rafael Juárez, y el director de la Academia Española, Víctor García.