Nueve asesinatos por semana es lo que ocurre en Guayaquil en este 2009, así lo anuncian los medios y, tal cual, es lo que se siente, se palpa (aunque algunos funcionarios no ven la realidad).
¿Y qué se ha hecho al respecto hasta ahora? Sin querer exagerar, nada. ¡Nada, en lo absoluto! Lo que se ha hecho es desproveer a la ciudadanía de la poca confianza que significaba para un civil portar un arma para autoprotección, porque nunca una persona común buena piensa en matar a un ser humano, sino defenderse. En cambio, para los delincuentes un arma es una perla más para “trabajar”. Y matan sin el menor pesar o remordimiento, por unos pocos dólares, por un celular.
Esos antisociales siguen armados en la actualidad, azotando las calles con su maldad; matando, violando, secuestrando; sembrando miedo, terror, impotencia entre los ciudadanos honrados.
¿Por qué quienes deben tomar cartas en el asunto solo pasan enfrentándose con los maestros, estudiantes, o burlándose de los jubilados, o insultando y reprimiendo a la prensa? Soy enemiga de la violencia, pero fraterna de la idea de que se aplique mano dura con quienes no tienen ningún reparo en privar de la vida y la tranquilidad a familias enteras.
Hasta hace poco era simplemente una anécdota familiar contar de algún hurto sufrido; ahora es motivo de misa de acción de gracias el saber que a uno “solo le robaron” y no le hicieron nada más. Y ya ni hay necesidad de salir de nuestras casas, hasta ahí llegan los delincuentes a llevarse nuestras cosas, nuestros hijos, nuestras vidas.
Que salga el Ejército realmente a controlar. Que salga Inteligencia a descubrir las mafias organizadas para el robo, el secuestro y el sicariato. Presidente, reestructure la Función Judicial de una vez.
Yo, una ciudadana civil, comencé ya por ir a los plantones que organizan jóvenes hastiados, como yo, de tanta corrupción e impunidad.
Andrea Mora,
abogada, Guayaquil