Parece que ya son parte del diario vivir de este país el matar, insultar, agredir, secuestrar, robar, violar, en todos los sentidos; es más, ya no causan sorpresa.
¿Cuántas veces lo han asaltado con pistola en mano, cuchillo o pico de botella quebrada a usted o su familia o a algún amigo? En el mes de septiembre una de mis hijas, manejando su vehículo, le robaron pero gracias a Dios no fue secuestrada. Yo también fui asaltada en pleno centro de la ciudad, me arrancharon un arete.
Vayamos a nuestra reflexión, este virus de muerte y terror que ha invadido casi todo el territorio ecuatoriano, ¿se lo puede extirpar solamente con una Policía armada? o ¿ encerrando a delincuentes en la cárcel? o ¿apenas haciendo batidas en los transportes que circulan por las calles y carreteras? No. Ningún parche curativo, ningún apósito rápido podrá sanar este mal de la delincuencia con alevosía y premeditación.
¿Y saben por qué? Porque las nuevas leyes vigentes amparan al ladrón, al asaltante, a los que llevan unos paquetitos de droga y a muchos otros que cometen delitos.
Es el sistema de autoridades que gobiernan el país, es la corrupción de las mismas leyes que defienden el delito. No creo que la autoridad no alcanza a divisar su entorno pernicioso, simplemente no quiere aplicar una justicia correcta. Entonces, es fácil que hayan robos, asaltos, secuestros, violaciones, etcétera. Presidente de la República, ayudantes y asesores y toda autoridad de mando alto y medio, ustedes tienen todo el poder de proveer plazas de trabajo en diferentes áreas de la vida para que nuestro hermoso país se desarrolle, produzca, y baje la delincuencia.
Marlene Vergara de Abad,
Guayaquil