Los mensajes de texto suelen llegar tarde, la señal desaparece en cualquier parte, se llama a servicio al cliente pero la voz de la grabadora repite las mismas recomendaciones una y otra vez; quejarse en las ventanillas es imposible: siempre están llenas, las filas llegan hasta la vereda. Las imágenes de esta experiencia son comunes en ciudades como Quito o Guayaquil, donde las tres operadoras que comparten el mercado nacional –Movistar, Porta y Alegro– tienen puesto el interés de las ventas.