Faltan cinco minutos para las diez de la noche y las calles del pueblo se agitan. Es miércoles 19 de agosto y una caravana de motociclistas cruza rauda, unos hombres caminan presurosos, otros van en bicicletas. El dueño del billar Barcelona obliga a salir a la decena de clientes y cierra el local, como lo hacen otros negocios. Dos policías llegan en moto a su destacamento y se encierran.