Pedro X.Valverde Rivera
Hace aproximadamente 16 años asistí a un congreso de estudiantes de derecho en Santiago de Chile.
Eran tiempos en los que todavía se vivían y sentían muy intensamente los rezagos de las dictaduras militares de los años setenta en Chile, Argentina, Perú y Paraguay.
Una juventud que rechazaba todo lo que hubiere estado cerca a los gobiernos totalitarios, muy consciente de la importancia de la lucha ideológica y sobre todo, defensora de los derechos humanos en todos sus niveles y manifestaciones.
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Recuerdo incluso que hubo una fuerte tensión cuando un nutrido grupo de estudiantes, se opuso enérgicamente a la intervención como conferencista a un connotado jurista paraguayo, a quien acusaban de haber sido magistrado de la Corte Suprema de Justicia en tiempos de la última dictadura militar en ese país.
Pues bien, la música denominada protesta, la música defensora de libertades y derechos humanos en el continente y gran parte de los inicios del rock latinoamericano, tiene en sus contenidos mucha literatura que refleja el sentimiento de una juventud reprimida por las botas militares, niños y jóvenes que crecieron con sus padres presos por pensar diferente a la visión oficial del tirano uniformado.
Por eso Charly dijo tantas veces que nos siguen pegando abajo, por eso Spinetta, Lebón, Piero, Víctor Heredia, León Gieco y muchos otros protestaron tantas veces a nombre de los que no tenían voz, a nombre de los desaparecidos, a nombre de las libertades, a nombre de los derechos humanos tan pisoteados en esos tiempos, en esos rincones del continente.
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Lo paradójico del asunto es que ahora, cuando la tiranía es de izquierda, cuando el control total de los poderes no es de las aristocracias, sino de los new rich, cuando quienes atropellan derechos humanos son quienes tantas veces protestaron contra ello, tienen el descaro de usar las mismas canciones para acometer en el protervo propósito de silenciar a las voces libres e independientes que quedan.
Cuando Piero decía que todos los días los diarios publicaban porquerías, se refería a los diarios oficiales o cortesanos del oficialismo; se refería a los controlados por la dictadura o comprados por la dictadura.
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Es decir, si Piero hoy tuviera 20 años, seguramente cantaría lo mismo contra los medios de la revolución o contra quienes se han puesto de alfombra.
Y cuando Víctor Heredia en su canción “Niños de plástico” dice “…mienten, mienten, qué forma de mentir…” no se refería a la prensa independiente que lucha en desigualdad de condiciones contra el poder supremo, sino más bien al consumismo, a las desigualdades sociales, al mundo material.
La esencia del canto irreverente latinoamericano de los años setenta es la lucha por las libertades, por la democracia, por la separación de poderes, por la libertad de expresión.
Qué pena que por estos rumbos sea utilizada para apuntalar todo lo contrario.
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Como usted notará, amigo lector, esta es una pequeña muestra de la verdadera manipulación de la información elevada a política de Estado en estos tiempos.
Es el show time de los magos de la publicidad, de la edición de fotos, de discursos, de voces y de imágenes y de los millones que se gastan para la difusión de esos mensajes a través de los medios oficiales, del bolsillo de trece millones de ecuatorianos.
Sí, en realidad ¡mienten, mienten, qué forma de mentir!