viernes 29 mayo Columnistas

Pedro X.Valverde Rivera

¿Gobernando al fin?

Luego del reciente fracaso electoral de la revolución ciudadana, al parecer, el Presidente de la República se ha dado cuenta de que la demagogia solo funciona cuando el barril del petróleo está por las nubes, lo cual, posiblemente no vuelva a suceder en los cuatro años que le quedan en el poder.

Entonces, existen leves señales de que por fin va a comenzar a gobernar en función de lo que demandan los altos intereses nacionales y no en función de lo que sugiere la bolita mágica del Señor de las encuestas.

En esta columna celebramos el triunfo histórico de Rafael Correa en el año 2006 y también hemos cuestionado duramente los desaciertos del Gobierno, y de vez en cuando (no por falta de voluntad sino porque han sido muy pocos los casos) hemos aplaudido algunos aciertos del mismo.

Por ello, debemos reconocer que el solo intento de liberar a la educación ecuatoriana del cáncer que representa su secuestro político a cargo de la UNE y el MPD por décadas, es materia de aplauso y respaldo.

Qué pena que recién ahora, dos años y medio más tarde, se haya acordado de lo que prometió en campaña.

Seguramente no lo hizo antes porque fue el MPD uno de sus brazos ejecutores para romper puertas y atentar contra los magistrados del defenestrado Tribunal Constitucional y contra el Tribunal Supremo Electoral que daba resistencia a la arremetida gobiernista; y porque participó en las calles con su dirigencia para corretear a los congresistas de oposición destituidos por el Tribunal Supremo Electoral.

Eran tiempos en que la popularidad se ganaba con subsidios, bonos, dinero, dinero y más dinero.

Pero ahora, ante la caída preocupante del favor popular de la revolución, al parecer por fin se ha dado cuenta de que debe gobernar y que la historia lo juzgará por sus ejecutorias al mando del Ecuador y no por sus índices de popularidad o por el control que mantenga sobre los otros poderes del Estado.

A la valiente batalla con la UNE y el MPD, se suma ahora el reciente decreto ejecutivo que limita y elimina los abusos y excesos de la contratación colectiva en el sector público.

Siempre se ha dicho que el Estado ecuatoriano es un Estado obeso y que ese es uno de los males que impiden despegar a la economía ecuatoriana. Lo dijo el mismo Correa en campaña hace casi tres años. Sin embargo, en estos dos años, no ha hecho otra cosa que engordar más a ese Estado obeso, triplicando ministerios y creando un Estado dinosauresco, divorciado completamente de la visión contemporánea de lo que debe ser el Estado.

Y durante este tiempo, los sindicatos públicos históricamente politizados por la izquierda, también fueron activos políticamente dentro del bando oficialista; se había olvidado de todos esos excesos y abusos de los sindicatos públicos; eran más útiles sus líderes en la batalla por el control del poder total.

Al final de cuentas, lo importante es lo que está sucediendo, más allá de sus motivaciones, y vemos a un Correa que, por fin, ha recordado que es el Presidente de la República y que tiene obligaciones pendientes con trece millones de ecuatorianos. Solo la educación del pueblo permitirá que el Ecuador escoja mejores políticos, mejores gobernantes, ejerza sus derechos y castigue al corrupto e irresponsable en las urnas.

Ojalá no sea simplemente una cortina de humo y todo quede en nada.

Estaremos vigilantes.

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