domingo 11 enero Columnistas

Manuel Chiriboga Vega mchiriboga@rimisp.org

Violencias lejanas y cercanas

Las imágenes espeluznantes de muerte que nos traen cada día los noticiarios desde Gaza me han impresionado. Escenas desgarradoras de pequeñines cubiertos en sábanas blancas, teñidas de rojas manchas de sangre, los cortejos fúnebres, las escenas de dolor y llanto, las ambulancias atacadas, los colegios y escuelas de Naciones Unidas destruidos, los convoyes de ayuda humanitaria alcanzados por una fuerza militar inmensamente superior nos recuerdan que el mundo inició el 2009 mal, incapaz de parar este desangre de palestinos.

Gaza es un territorio autónomo palestino, amurallado por Israel, tiene apenas unos 360 km cuadrados y allí se hacinan millón y medio de habitantes. No tienen control sobre sus fronteras y su población vive de la ayuda humanitaria y de los trabajos mal remunerados que por cuotas asigna Israel. Las consecuencias han sido desastrosas para la población. Hace poco, un grupo de ONG prestigiosas como Amnistía Internacional, Care Internacional, Médicos del Mundo, Oxfam, Save the Children señalaba que “el 80% (de la población) –el 63% en el 2006– depende de la ayuda exterior para comer; el desempleo  se eleva al 40%; 75.000 de los 110.000 trabajadores del sector industrial han perdido su empleo; los hospitales carecen de electricidad entre ocho y doce horas al día; el 70% de las familias vive con menos de un euro por persona al día, con precios en alza, similares a los europeos”.

La situación de la población de Gaza se agravó a raíz de que la organización fundamentalista Hamas desplazara a Al-Fatah del gobierno en elecciones libres; Israel aumentó el sitio sobre la franja, limitó contrataciones laborales y el flujo de la ayuda alimentaria. El caldo de cultivo para ataques con cohetes Kassam estaba dado. Luego de una breve tregua, el conflicto ha vuelto a explotar y con mucho más fuerza. Me parece que, ante todo, los cohetes lanzados contra Israel, condenables desde todo punto de vista, son un grito de desesperación de la población.

¿Por qué una respuesta tan brutal de Israel? Pues me parece que hay dos factores centrales: las próximas elecciones del 10 de febrero en ese país, en que la guerra y el nacionalismo se enarbolan como banderas de lucha por el sufragio de sus ciudadanos y que enfrentan al partido Likud y Kadima, ambos con una fuerte influencia de los militares. La fracasada guerra en Líbano hace un par de años dejó en mal predicamento al primer ministro Olmert. Pero hay otro factor poco mencionado: el intento de la dirigencia israelí de influir sobre la política del nuevo presidente americano Obama y asegurar su respaldo incondicional.

Ha hecho bien el Gobierno Nacional en condenar la agresión israelí sobre Gaza, tanto en comunicado público, como en Naciones Unidas. Sin embargo, desespera cómo dicha organización internacional es incapaz de resolver un problema, que no deja de agravarse día a día y cómo las negociaciones no pueden ni siquiera lograr un alto el fuego o permitir un flujo de ayuda alimentaria. Con seguridad el conflicto en esta zona del mundo no podrá resolverse sin un acuerdo de todas las partes involucradas, en que espero Obama tome algo de distancia del que ha sido el gran aliado de su país en la región.

Una última nota más bien de vuelta a casa. En el paro minero en Azuay se quemó una ambulancia y se secuestró y golpeó a médicos. No es comparable, pero es un muy mal síntoma de los conflictos en el país.

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