Dicen muchas veces cosas más importantes que lo que yo escribo. Son cuadernos de bitácora, diarios íntimos en el maremagno cibernético, divagaciones lúcidas en medio del mundo alocado. Pueden elaborar cocteles donde hierven “malas palabras”. Los abro uno tras otro en desorden, sin conocer su grado de importancia. Descarto lo que ofende sin motivo. Es un poco como la cata a ciegas, pues jamás sé lo que hallaré.
Hay blogs que saltan a la cara como resortes, despliegan virulencia, atacan con saña recordándome la frase de Cocteau: “Yo no respeto, yo amo”, marcando la diferencia entre el sentir expresado en su estado bruto y el amor formal vestido con oropeles. He llegado a una edad en la que nada me asombra, mas el niño quedó, sigue sorprendido. Me agrada encontrar el humor más allá de los vocablos soeces. Es el caso de cierta v… que, burlándose de sí mismo, se autocalifica como un blog estúpido, desadaptado, pero ametralla con perspicaz virulencia el consumismo salvaje, el trato descarnado a los animales, la fiebre esnob de los 4x4, la destrucción planetaria, los circos donde bostezan animales tristes, las peleas con la tecnología de punta, el celular que enloquece, las embestidas en contra de cualquier opio que pueda embrutecer al pueblo, las divisiones creadas por religiones capaces de matar en nombre de dioses diferentes: Bush con su “In God we Trust!”, Saddam Hussein con su “Alá kebar!”
José Ángel Corona se presenta: “No somos locos. Somos de/mentes” y suelta: “Deja de buscar debajo de las piedras lo que simplemente flota en el aire”, recordándome que, en Marruecos donde paseaba por el campo, debajo de cada roca encontraba escorpiones. Mientras tanto, La Factoría destila estos versos: “Excavando mi cuerpo hallé uno de tus huesos. ¿Será que somos uno? ¿Será que existe el tiempo”. En Cartas de diosa cosecho: “Hay miles de razones para el espanto, miles de razones para el encanto”.
Aquella diosa, madre de una hija y media (pues hay un segundo retoño en camino) conoce mejor que nadie a qué huele Guayaquil después del chubasco. Aficionada a la filosofía oriental, cita a Lobsang: “Sé tu propia verdad, podrás verte a ti mismo. Siéntete. Sé tú mismo. Si te ganas a ti mismo, lo ganarás todo”. La diosa, enamorada de Joaquín Sabina, piensa que Dios debe de estar enojado, está de vacaciones porque nos lo dio todo, seguimos pidiéndole más”. El club de las caras tristes desgrana melancolía: “Me hundo, lo sé, por ahora no hay nada que hacer. Lo que ven mis ojos, lo que tocan mis manos debería terminar en una sutil explosión que elimine todo lo nocivo que guarda mi cuerpo. Estoy lejos de la conciencia del tiempo, tiempo que te sigue quemando para demostrar que el silencio es infinito”.
Fatimaifigenia cierra la serie de hoy: “Comprendí que solo había dicho la verdad cuando andaba corta de mentiras. Hubo momento en que todo era tan falso que para decir una verdad tenía que inventarla”.
Seguiré navegando, descubriendo. Estoy fascinado.