El ex presidente murió a las 16:30 de un paro cardiaco. Su familia lo acompañaba.
 
Todas las tardes, desde que regresó de Tampa (Florida) el pasado 7 de diciembre, León Febres-Cordero acostumbraba a sentarse en una silla junto a su cama de enfermo. Era algo así como un ritual para alejar a la muerte, según decía a sus familiares y amigos.