La Constitución se perfila radical. En cuanto a la organización económica se propone que el régimen de desarrollo debe garantizar “la realización del buen vivir, del sumak kawsay”.
“Buen vivir”, en este contexto, no tiene ninguna afinidad con “darse la buena vida”. Todo lo contrario.
Como explica el asesor de Pachakutik y ex subsecretario de Rafael Correa en el Ministerio de Economía, Pablo Dávalos, “sumak kawsay...
es otro de los aportes de los pueblos indígenas del Abya Yala a los pueblos del mundo, y es parte de su largo camino por la lucha de la descolonización de la vida, de la historia y del futuro... Expresa una práctica de convivencia ancestral respetuosa con la naturaleza...”.
Los autores occidentales afines que menciona Dávalos son Iván Illich y Serge Latouche.
Illich, sacerdote austriaco que ejerció en Cuernavaca, México, era contrario a la existencia de escuelas, porque indoctrinan en una cultura en decadencia que inculca el consumismo; a la medicina profesional, y favorable a que sean profanos los que den atención médica; a los automóviles privados, ya que establecen “nuevos privilegios para la minoría, y agobia a la mayoría”.
Latouche, economista francés marxista que se convirtió al pensamiento de Illich, propugna el decrecimiento económico; explica su conversión cuando visitaba a Laos, al ver a los campesinos felices en sus arrozales: “Como economista perdí la fe en la economía, en el crecimiento, en el desarrollo.... Hay que tomar conciencia de que la economía... es una cultura occidental”.
Entre las acciones que recomienda Latouche en pos del decrecimiento está retornar a una agricultura campesina (y no de empresas agrícolas), imponer sanciones a los gastos de publicidad, decretar la moratoria en las innovaciones tecnológicas.
Si gana el “Sí” en la consulta, esta misma mayoría que entroniza el sumak kawsay en la Constitución aprobará leyes que le darán vigencia. En ese contexto es que suena hueca la garantía al derecho a la propiedad siempre y cuando tenga función social y ambiental y responda a una justicia redistributiva. Ningún automóvil, electrodoméstico, fábrica o finca cumple con esos criterios.
La lógica de la Asamblea es que para salvar a la especie humana debe revertirse la revolución industrial, contraerse la población y que el Ecuador dará ejemplo. Sin tecnología el mundo no puede soportar 6.700 millones de habitantes.
El radicalismo de Illich y Latouche constituye una visión fresca y distinta a la convencional, y contribuye a la reflexión sobre el camino que debe tomar la humanidad. Pero de ahí a adoptarlo como principio constitucional hay un salto enorme. ¿Tuvo conciencia el electorado de Alianza PAIS de que se le estaba proponiendo renunciar al progreso y regresar a un sistema de vida precolombino?
Si se incluyen estos principios en la Constitución y se la aprueba, o quedan como enunciados esotéricos o el régimen buscará implantarlos y quienes tengan preparación, destrezas, o capital para salir adelante en otras latitudes, dejarán el país.
Que los asambleístas mediten bien sobre lo que aprueban.