Hace años, en una crisis económica del país se dio la “sucretización” de las deudas, bajo la cual los deudores se aseguraban la compra de dólares, a tipo de cambio variable, en el Banco Central del Ecuador (BCE) a las deudas registradas en dicho organismo.

Llegó otro presidente y congeló el tipo de cambio con el cual el BCE vendía los dólares a esos clientes, y el diferencial cambiario lo asumió el Gobierno (léase las pérdidas). Luego vino la deuda externa ecuatoriana y las facilidades para compensar a la par en sucres los dólares de la deuda externa que se compraban en el mercado con descuento considerable, y unas empresas se beneficiaron. Desde 1999, cuando se decretó el feriado bancario se presentó el mercado de los títulos congelados, y de repente hubo quienes tenían el efectivo y los compraban con un buen descuento para pagar sus deudas a la par.

Hubo cierres bancarios que dieron un fenómeno parecido, pues el Estado incumplió y no pagó en efectivo los valores, creando un mercado secundario que lo aprovecharon quienes tenían liquidez. Incluso el Gobierno mintió a los depositantes y les hizo creer que la devolución iba a ser pronto, cuando no ha sido así, y ha hecho que los tenedores de acreencias vendan sus documentos con descuentos importantes.

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¿Quiénes han sido los que detrás de estos procesos han sacado beneficios licuando sus deudas? ¿Es moral perjudicar a una persona necesitada de dinero comprándole su título con un castigo sobre el mismo que va mucho más allá de las tasas regidas para las operaciones financieras?
Algo me dice que los grandes deudores (no muchos) son los que en estos procesos se han beneficiado.
Alfredo Sánchez Ycaza
Guayaquil